No creo en una psicología
donde sus variables están
al doscientos por cien y,
milimétricamente controladas.
No creo en una psicología
basada en diagnósticos
ni en patrones.
No creo en una psicología
llena de sin sentido por
parte del que va.
No creo en un "es normal
que se comporte así", lo
dictamina el DMS, porque
aún no tengo claro si los
"locos" son ellos aunque,
para ser sinceros, aún
no sé qué es lo normal.
Pero si creo en los laboratorios
que a pesar de su control,
luchan entre cuatro paredes
para contestar los "¿por qué?"
Sí creo en un diagnóstico que
nos ayude, pero sigo
sin creerme que haya
que seguir una serie de
conductas para una
maldita depresión.
Pero sobre todo,
lo que me creo a fe ciega
es la voluntad del depresivo,
del ansioso, del
obsesivo,
del disociado, del esquizofrénico,
del que padece un estrés post traumático.
Sí me creo ese valor en cada una
de las personas que reconocen
no estar bien, que se abren en canal,
que se transforman cuando se
sientes comprendidos.
Me creo a aquellos que piden ayuda
y se dejan ayudar.
En definitiva, lo que me creo
sin ciencia cierta son las emociones
de todo aquel que llame a mi puerta.
Creo en la persona, así de simple.
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