sábado, 30 de marzo de 2019

Techno.


Es por la mañana y suena.
Se escucha ese compás,
esa rave. Esos bafles que van
a toda hostia. Alto muy alto,
como cuando hacíamos el
amor y gritábamos.

Cuando me volvía loca
por lamer cada rincón
de tu anatomía. Por fotografiar
cada lunar, cada pequeña
y escrupulosa señal.
Cada rastro de tinta con
la que formaste el camino.

Y viene el subidón.
Vamos, que rompe.
Que está apunto.
Y rompió.

Como nosotros el colchón
con cada orgasmo.
Cada puto grito de placer que
hoy forman canción.

Cada fiesta carnal, esas
que eran privadas y donde
tu lengua y la mía le decían
a la vida: “bella ciao”.

La versión techno, porque
es una auténtica locura.
Como nosotros follando.
Que no haciendo el amor.

Que vuelve el subidón, que rompe
la canción sin embargo, ahora,
solo yo rompo el colchón.

Me dejaste sola en la fiesta
y aún yo, recuerdo la constelación
semiperfecta de tu espalda, la
que intenté borrar con sangre pero,
nunca tuve en cuenta que, a veces,
hay fiestas que no se te olvidan jamás.

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