Es
por la mañana y suena.
Se
escucha ese compás,
esa
rave. Esos bafles que van
a
toda hostia. Alto muy alto,
como
cuando hacíamos el
amor
y gritábamos.
Cuando
me volvía loca
por
lamer cada rincón
de
tu anatomía. Por fotografiar
cada
lunar, cada pequeña
y
escrupulosa señal.
Cada
rastro de tinta con
la
que formaste el camino.
Y
viene el subidón.
Vamos,
que rompe.
Que
está apunto.
Y
rompió.
Como
nosotros el colchón
con
cada orgasmo.
Cada
puto grito de placer que
hoy
forman canción.
Cada
fiesta carnal, esas
que
eran privadas y donde
tu
lengua y la mía le decían
a
la vida: “bella ciao”.
La
versión techno, porque
es
una auténtica locura.
Como
nosotros follando.
Que
no haciendo el amor.
Que
vuelve el subidón, que rompe
la
canción sin embargo, ahora,
solo
yo rompo el colchón.
Me
dejaste sola en la fiesta
y
aún yo, recuerdo la constelación
semiperfecta
de tu espalda, la
que
intenté borrar con sangre pero,
nunca
tuve en cuenta que, a veces,
hay
fiestas que no se te olvidan jamás.
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