Siento
que no puedo hablar con nadie porque todos los barcos están junto al glaciar. A
punto de chocar. Creo que esta batalla
quiera o no solo me pertenece a mí, porque tengo que demostrármelo. Sin
embargo, a veces, necesitas ese apoyo que te tire pa’ arriba de cualquier
forma. No está. No lo veo. Será que no encendió la luz del faro. No lo sé.
Siento
que todos se evaden en, y yo, no tengo ese golpe de suerte. Sola. Es eso, en
esta guerra en la que no quise meter a nadie, solo veo la metralleta. Ignorada.
Pero como cualquier domingo nublado, el lunes se habrá pasado y si no, el barco
se hundirá en el círculo del que salió.
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