domingo, 16 de junio de 2019

Descontextualización.


Esa soledad en compañía,
que te amarra fuerte
y no te deja respirar.

Ese nudo en la garganta
de querer llorar
y que ni una lágrima
se asome.

Hasta que llega el chaparrón,
las tormentas, los truenos,
las evitaciones, el miedo,
la exposición, los sacrificios,
el dolor.
Hasta que cae la bomba.

Cuando aparece se me
empequeñece el estómago
y me entran escalofríos
en los pulmones.
Y llega el negro.
Y la música alta.
Y el encierro.

La desconexión
descontextualizada
del contexto en el
que vivo.

Esa soledad en compañía
que termina teniendo
como conclusión
el hablar en plural
para acabar siendo
singular.

Barco.


Siento que no puedo hablar con nadie porque todos los barcos están junto al glaciar. A punto de chocar.  Creo que esta batalla quiera o no solo me pertenece a mí, porque tengo que demostrármelo. Sin embargo, a veces, necesitas ese apoyo que te tire pa’ arriba de cualquier forma. No está. No lo veo. Será que no encendió la luz del faro. No lo sé.

Siento que todos se evaden en, y yo, no tengo ese golpe de suerte. Sola. Es eso, en esta guerra en la que no quise meter a nadie, solo veo la metralleta. Ignorada. Pero como cualquier domingo nublado, el lunes se habrá pasado y si no, el barco se hundirá en el círculo del que salió.

sábado, 15 de junio de 2019

VENC (l) EJOS.

Escribí los versos
Más tristes una tarde
De verano mientras veía
El volar de los pájaros.

Bajaban, subían.
Descendían el vuelo
Para alimentar a las crías.

Bajaban.
Subían.
Y ahí, es cuando rocé su
Brazo que palpitaba de frío.
Como mi corazón al mirar.

Bajaban.
Subían.

Eran testigos de todo
Lo que ocurrió en aquel
Espacio, mientras nos tocábamos,
Con la ligera brisa de la tristeza.
La despedida cálida que merecíamos
Para unos días fríos.

Estaban a ras del suelo
Cuando nos miramos y
Decidimos enfrentarnos
Al mismo miedo.
Allí, en ese preciso instante,
Acabó el vuelo y, caí en la cuenta
 De que nunca llegamos
A tocar el cielo.

jueves, 9 de mayo de 2019

Flores.


El negro, negro clavel
que sin espinas
me clava.

La rosa se desvanece
poco a poco, a fuego
lento, como el amor.

¿Me quiere?
¿No me quiere?
Cantaba la margarita.

Y sin embargo,
tus manos tocaron
a este rojo clavel
con espinas negras,
mientras la rosa reía
y la margarita dejó
de tener dudas.

martes, 23 de abril de 2019

Abracadabra.


Vivo con el ángel y el demonio,
uno dice que piense y el otro
que lo haga. Uno dice que basta
y el que le sigue me cuenta los
abracadabra.

Suspiro cuando exploto
y pienso después de los
cohetes que trae consigo
la bomba.

Me dejo influir por la magia
de las cartas que siempre me
negué a que me echaran.
Me dejo llevar por el aire
que entra en mi ventana y
por ese sol que me pega en cara.

Vivo con un ángel a mi derecha
y con el demonio dentro que explora
cada uno de los órganos
que viven en mi cuerpo.
El primero me cuenta en alto
que hay que querer bien y, es verdad.

Sin embargo, el otro me susurra en el
oído y sabe, que eso me pone.
Luego me enciende el cigarro
y me ofrece una cerveza fría
para detallarme que solo
hay querer bien al que te
corresponde con el mismo
amor.

Con el tiempo aprendí que
los dos llevaban razón, porque
ni el bueno es tan bueno
ni el malo tan malo.

martes, 9 de abril de 2019

Di.

¿Qué quieres que haga?
Siento que ya no sé cómo actuar.
Se me acaban los chistes. ¿Qué quieres que haga?
Si no sé cuando me rompes
en dos. O en cuatro.
Ya no lo sé.
Me perdí.
Podría llorar pero no, ya no
porque no me incumbe. ¿Qué quieres que haga?
Si aún en las nubes sigues quejándote. Sigues juzgando.
Sigues con la inseguridad que odio. ¿Qué quieres que haga?
Si queriéndote bien
me estoy dando cuenta de que no es suficiente. ¿Qué quieres que haga?

sábado, 30 de marzo de 2019

Techno.


Es por la mañana y suena.
Se escucha ese compás,
esa rave. Esos bafles que van
a toda hostia. Alto muy alto,
como cuando hacíamos el
amor y gritábamos.

Cuando me volvía loca
por lamer cada rincón
de tu anatomía. Por fotografiar
cada lunar, cada pequeña
y escrupulosa señal.
Cada rastro de tinta con
la que formaste el camino.

Y viene el subidón.
Vamos, que rompe.
Que está apunto.
Y rompió.

Como nosotros el colchón
con cada orgasmo.
Cada puto grito de placer que
hoy forman canción.

Cada fiesta carnal, esas
que eran privadas y donde
tu lengua y la mía le decían
a la vida: “bella ciao”.

La versión techno, porque
es una auténtica locura.
Como nosotros follando.
Que no haciendo el amor.

Que vuelve el subidón, que rompe
la canción sin embargo, ahora,
solo yo rompo el colchón.

Me dejaste sola en la fiesta
y aún yo, recuerdo la constelación
semiperfecta de tu espalda, la
que intenté borrar con sangre pero,
nunca tuve en cuenta que, a veces,
hay fiestas que no se te olvidan jamás.