Volviste porque te siento.
Llegaste porque te vi atravesar la meta.
Llamaste cuando menos te esperaba.
Regresaste cuando pensé
que habías tirado la toalla.
Usaste toda la gama de colores.
Tocaste la sintonía intensa de un piano negro
hasta llegar al blanco del templo.
Te vi envuelta en un círculo vicioso
del que no salías pero al final, venciste
como en las grandes guerras.
Te vi volver siendo tú pero esta vez,
sin un ápice de amargura, de resentimiento,
de odio, de tristeza.
Te vi llegar sana y salva, limpia, blanca,
"virgen", pura, feliz.
Te vi llamar de nuevo aunque te olí
al primer kilómetro.
Volviste.
Has llegado.
Te siento.
Te huelo.
Te noto.
Ya estás aquí.
No vuelvas a marcharte y si lo haces,
llámame, no dudaré en hacer una maleta doble
donde solo cabrán las risas y los buenos momentos
donde volver será obligatorio y la amargura un mal pasaje.
Has llegado, has cruzado la meta mientras te veía triunfar
desde un balcón cuando mis ojos brillaban de orgullo.
Has vuelto, ya estás aquí.
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