El
negro, negro clavel
que
sin espinas
me
clava.
La
rosa se desvanece
poco
a poco, a fuego
lento,
como el amor.
¿Me
quiere?
¿No
me quiere?
Cantaba
la margarita.
Y
sin embargo,
tus
manos tocaron
a
este rojo clavel
con
espinas negras,
mientras
la rosa reía
y
la margarita dejó
de
tener dudas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario