Vivo
con el ángel y el demonio,
uno
dice que piense y el otro
que
lo haga. Uno dice que basta
y el que le sigue me cuenta los
abracadabra.
Suspiro
cuando exploto
y
pienso después de los
cohetes
que trae consigo
la
bomba.
Me
dejo influir por la magia
de
las cartas que siempre me
negué
a que me echaran.
Me
dejo llevar por el aire
que
entra en mi ventana y
por
ese sol que me pega en cara.
Vivo
con un ángel a mi derecha
y
con el demonio dentro que explora
cada
uno de los órganos
que
viven en mi cuerpo.
El
primero me cuenta en alto
que
hay que querer bien y, es verdad.
Sin
embargo, el otro me susurra en el
oído
y sabe, que eso me pone.
Luego
me enciende el cigarro
y
me ofrece una cerveza fría
para
detallarme que solo
hay
querer bien al que te
corresponde
con el mismo
amor.
Con
el tiempo aprendí que
los
dos llevaban razón, porque
ni
el bueno es tan bueno
ni
el malo tan malo.
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