sábado, 29 de diciembre de 2018

Orgullo machito.

Llegaste y me hablaste.
Y ahí me empecé a dar cuenta
cuáles eran tus intenciones.

Al principio, te contesté
ya luego, empecé a ignorarte.

Seguías refiriéndote a mí como:
"Agresiva", "mujer con carácter",
"prepotente", "borde" y más
adjetivos de los que ahora,
no quiero acordarme.

Y aguanté.
Me fui.
Y volviste a aparecer:
"Con esa actitud ¿qué vas a ser tú?"
Pues seré lo que me salga del santísimo
coño, eso voy a ser y a hacer.

Y pasó el tiempo.
Pero nos volvimos a encontrar.
Te pedí que, por favor, te marcharas
que me estabas molestando y que
ya lo habías hecho durante toda la noche.

Y sin embargo, te quedaste.
¿Que qué pasó?
Que esta mujer, de carácter, como
él se encargó de repetir durante
toda una noche, sacó su carácter.

Porque sí, porque si me buscas
me encuentras y lo hiciste.
Y te planté cara.
Y nos miramos a los ojos,
los tuyos de loco y los míos
con una fuerza que jamás había
sentido.

Nos separaba un brazo, de lo contrario,
no sé que hubiera pasado.
Y me alejaron de ti.
Y me seguías gritando.
Pero más gritaba yo.

Y al final, cuando te basaste en
decir, que no te habías dando cuenta
de que me estabas molestando pensé:
"Tal vez haberte dicho en reiteradas
ocasiones que no, el ignorarte,
el hacer oídos sordos, el soportar
cosas que no debía y el decirte
que te fueras, no había sido suficiente".

Solo dijiste: es que eres muy guapa y
atractiva.

Esto, no es ninguna razón para que estés
jodiendome.

Y ahora, que todo ha pasado
digo lo mismo que hace 8 horas:
Tengo derecho a defenderme como lo hice,
querías meterla en caliente
pero te confundiste de persona.

Y qué razón llevé.
Y que poca él.
Y perdió.
Y vencí.

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