Saliste de aquel juego
que hacía frente al espejo.
Frente a frente y,
sin mirarnos a los ojos.
Un día, te busqué y
allí estaba mi espejo
mirándome pero tu rostro
ya no asomaba.
Se esfumó como
el carmín tras la fiesta.
Te fuiste y no
rompiste nada.
Ni un cristal.
Ni un rasguño.
Ni un dolor humano.
Me fui para buscarte y,
no te encontré.
Borraste tu huella y
ni siquiera me dio ansiedad.
En el espejo ya
solo había una frente,
unos ojos, una
nariz y una boca.
Allí solo estaba yo
porque tú, te fuiste de la
peor de las maneras.
Sin avisar.
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