Podría estar triste.
Mal.
Hundida.
Desecha.
Rota en mil pedazos.
Pero no es así.
En absoluto.
Estoy tranquila, en paz, llena, plena, feliz
porque tengo una seguridad que es más firme
que todo lo que pueda venir, en todos los aspectos,
y eso es con lo que me quedo.
Nunca me gustó ver la cruz sin cara ni lo malo antes que lo bueno,
siempre me quedo con aquello que me hace crecer, vibrar,
aprender, madurar,
con lo que en realidad, merece la pena y prefiero
todo lo que tengo sin callarme una antes que meterme
en mi caparazón de frivolidad, superbia, frialdad y
no ver una tercera navidad.
No me lo permitiría.
No me lo voy a permitir.
Ya no porque hace tiempo crecí
y ahora, me doy cuenta.
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