No creo en las etiquetas,
no creo en los genitales,
ni en el cuerpo.
Una teta es lo mismo
en mi país que en otro
de más allá.
Creo en los sentimientos,
en los que te hacen sentir,
fluir, llevarte a más.
Creo en las almas libres
e igualitarias.
Creo en la libertad.
Creo simplemente, en
las personas.
Porque el amor, amor es.
Creo en el amor dopaminérgico y
en el que no, en los amores
de metro que duran hasta que te bajas,
en el de las películas, en el que
te creas en tu cabeza cada sábado noche.
Creo en la mente inexistente, en
el cerebro irracional.
Creo en los impulsos de viernes
por la tarde y en las noches de primavera,
esas en las que refresca y, te tapas con
la manta añorando el invierno
y sus tardes de domingo.
Creo en los jueves de sonrisas
y en los regalos de martes, en los
lunes de enfado y en el café
sin leche.
Creo en las mujeres.
Creo en los hombres.
Creo en todo ser humano
que sea capaz de no ver
la diferencia.
No hay comentarios:
Publicar un comentario