No
quiero gritarlo
por
si se gafa, siempre
fui
supersticiosa y por eso,
no
me gusta el amarillo.
Sin
embargo, adoro los gatos negros.
Creo
en la energía, en lo zen, en la paz,
en
las vibraciones, en el destino cambiante,
en
las señales y en las casualidades.
Hace
días pasó.
Dos
folios.
Un
texto.
Un
dibujo.
Dos
personas distintas.
Un
mismo significado.
Y
unas risas pletóricas.
¿Casualidad?
¿Destino?
¿Coincidencia?
Yo
lo llamé ganas de volver.
Y
volvimos.
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