sábado, 2 de septiembre de 2017

El día 1 el amor...

Ayer el amor se tiñó de negro
y no porque vistiera luto
o pasara un duelo.
Se acicaló el pelo y se puso
sus mejores galas.

Negro.
Impoluto.
Impecable.
Majestuoso.

Da miedo mirarlo de todo
lo que transmite: arte puro,
sincero, bonito, dolido, querido,
amado pero nunca receloso y odiado.

Porque al amor no se le odia,
se le quiere y se tiñe de negro
para todo aquel que no ve más allá de la tristeza.

El amor se disfrazó en un retrato,
en unos cuadros, una serie de grabados
y un polístico que impresiona tanto
como el mismísimo Guernica.


Qué vértigo ese sentir mediante
una historia que no te corresponde,
pero que lujo intuirla y saber
 qué me quiere decir.

Ayer el amor estuvo alegre
por el arte y se vistió de negro.
Como debe de ser.

Porque no hay cosa más bonita
que disfrazar de diablo a un
ángel y, que nadie te entienda.

Ayer el negro se transformó
en dos primaveras.


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