Ayer el amor se tiñó de negro
y no porque vistiera luto
o pasara un duelo.
Se acicaló el pelo y se puso
sus mejores galas.
Negro.
Impoluto.
Impecable.
Majestuoso.
Da miedo mirarlo de todo
lo que transmite: arte puro,
sincero, bonito, dolido, querido,
amado pero nunca receloso y
odiado.
Porque al amor no se le odia,
se le quiere y se tiñe de negro
para todo aquel que no ve más
allá de la tristeza.
El amor se disfrazó en un
retrato,
en unos cuadros, una serie de
grabados
y un polístico que impresiona
tanto
como el mismísimo Guernica.
Qué vértigo ese sentir mediante
una historia que no te
corresponde,
pero que lujo intuirla y saber
qué me quiere decir.
Ayer el amor estuvo alegre
por el arte y se vistió de negro.
Como debe de ser.
Porque no hay cosa más bonita
que disfrazar de diablo a un
ángel y, que nadie te entienda.
Ayer el negro se transformó
en dos primaveras.
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