sábado, 3 de junio de 2017

Pequeño.

Déjame que te explique, pequeño lucero,
que nunca vas a volar solo,
que siempre habrá un pájaro o una pécora
que te sane las heridas y te alce al vuelo
a base de gritos de amor.

Déjame que te cuente el cuento sin final y
decirte que la libertad puede ser monstruosa
para el que no la entiende como lo haces tú.

Déjame que te diga que las nubes saben a todo
menos a plátano y que el agua que cae
sana las heridas del fuego purificador.
Que todo es sano si sabes y te dejas sanar.

Déjame exponerte sin presentación alguna,
pequeño monstruito, que conseguí más de lo que
me propuse y que inculqué más de lo que
pretendía.

Déjame mostrar cada año bisiesto, ese
en el que comenzó el vuelo y que por esa simple
razón soy un poco más feliz, desde que los vuelos
se unieron en un principio al que nunca pongo fecha
pero, ese mismo vuelo que si tiene final,
me niego a escribir.

Déjame que te diga, pequeño lucero,
que desde aquel entonces, soy más
feliz.

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