lunes, 1 de mayo de 2017

Foto recuerdo.

He ido a Cádiz bueno, más bien, hemos ido y un poco más y nos plantamos en Málaga aún recuerdo nuestras caras y medio coche tres llorando de risa. Qué susto. Menos mal que pudimos coger el tren con nuestro destino. De verdad, a mi aún me dura el susto y la cara blanca pero, qué risa.
Fuimos al cabaret con final inesperado y saqué una de las conclusiones de todo el fin de semana: "la vida es un cabaret" y qué razón más obscena y pura a la vez.

También, canté a pleno pulmón "a las puertas de Toledo" y más de uno me felicitó, yo de eso no me acuerdo, me lo han contado y, la noche siguió desvirgando  a una virgen en karaokes a ritmo de Pimpinela y Chenoa, ahí éramos felices hasta que un señor se puso a bailar con nosotras "bailar pegados es bailar" y el resto, nos abandonó por un pitillo bajo la lluvia. Lo guardo con cariño que no con comodidad, lo digo por el señor. Ese día, caí rendida en la cama que no estaba hecha y ni si quiera escuché a Buenafuente, eso sí, antes nos fumamos un cigarro en un balcón zapatero pero, en silencio, solo se escuchaba el viento y es que, Cádiz es lo que tiene, brisa.

Nos levantamos y ya era sábado, más concretamente, la una de la tarde y qué bien nos sentó ese café a la hora de almorzar y ¡Dios mío! qué "jartá" de comer a la hora de merendar, qué rico es comer y más en buena compañía con unas buenas gambas al ajillo de tu tierra. Como diría un amigo mío "viva WERVA".

Fuimos a la playa pero antes, llegamos al mar, os dejo una foto para que se os grabe en la retina como me pasó a mí.

Qué paz, me hubiera quedado allí hasta  el atardecer pero, teníamos cosas más importantes que hacer: hablar. Llegamos a la playa y todo cambió, había paz y silencio, conversaciones larguísimas y más de tres sentimientos. Yo aprendí, ella habló y al final, acabamos tomándonos unas cervezas buscando a la luna que estaba, justo enfrente. Esa noche fuimos al mercado a beber cerveza y escuchar como una señora se quejaba del puesto 104.
Sin embargo, acabamos en una cocina de un piso de estudiantes comiendo pipas, fumando y bebiendo cerveza con la palabra "paella" y el símbolo nazi en la frente, eso si que fue aleatorio y no el tren a Málaga.

Llegó el domingo y volvimos a la playa allí, volvimos a nacer sí. Allí aprendí más que en tres años de carrera y rearfimé la frase del musical: "la vida es un cabaret". Me di cuenta de muchas cosas, todas mías que incumbe a otros, más bien a ella pero sin ella, era yo mirando a una paloma que comía pan y no podía parar de hablar, ese día me tocó a mi y no veas lo bien que me sentó.
Nos fuimos a almorzar y corrimos al tren, esta vez, iba a Jaén pero era el nuestro ¡menos mal! No teníamos dinero  para pagarnos un hostal aquella noche. Luché por no dormirme y me puse a escribir, siempre me inspiró  los transportes.

Llegué a casa y todas las conclusiones se habían unido: parte de nosotras creció en Cádiz mientras mirábamos la infinitud del mar y qué suerte haber crecido un poco más de tu mano.
Solo espero que, sea el principio de un largo estirón.

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