lunes, 6 de marzo de 2017

A mi.

Nunca se me dio bien dibujar y mira, que puse empeño. Me compré los lápices, luego los carboncillos después, vino el pastel y de su mano, el color y, finalmente llegó el óleo con su azul titán, su verde vejiga, su rosa magenta, su rojo oscuro, su blanco puro y su negro piano. Además de todos esos colores, también compré pinceles de diferentes tamaños aunque mi preferido siempre fue el más pequeño, con el que firmaba la obra que sin serlo, era mía porque, la había hecho yo. Posaba sobre la paleta colores puros y mezclas raras para pintar un bonito horizonte. Con paleta en mano, como el mismísimo Picasso pinté un cuadro tras otro aunque en realidad, seguía sin saber pintar y mucho menos, dibujar.

Llené miles de lienzos en blancos que aún recuerdo y que por supuesto, aún veo. Borré miles de bocetos porque una línea estaba torcida o tal vez el cuerpo no era el perfecto, tiré a la basura miles de jarrones al corboncillo porque la sombra, no era la adecuada. Me manché la ropa miles de veces con el óleo y rompí media caja de pasteles y aún así, seguía sin saber pintar ni dibujar por el simple hecho de que ninguna obra era mía, es decir, original. Ninguna obra salió de una canción, de una conversación, de un café y las siete cervezas que le siguen, de ninguna mala experiencia, de ningún corazón.

Hoy hago introspección después de muchos meses y miro atrás. He aprendido a dibujar y esta vez, de corazón. No pinto retratos, ni paisajes, ni tan siquiera, ardillas voladoras, pinto lo que me surge un texto, una experiencia, una canción, una conversación de café. Y me gusta.

Me gusta aunque siempre tendré al abecedario, al conjunto de letras que forman palabras y que, hacen el amor para convertirse en versos que no riman o en textos de las que yo, soy la única entendedora y eso, soy yo y me apasiona.

Hoy hago introspección después de muchos meses y veo todo lo que he aprendido gracias a otros. Otros que han dado pie a conversaciones que, nunca pensé que tendría, a cafés interminables, a cervezas que se van de las manos, a hojas que se rellenan en la silla de un bar, a dibujos sin sentido, a títulos oscuros y así podría tirarme lo que queda de tarde pero, lo más importante es que en estos meses he aprendido a dibujar de corazón.

Quizás son unas líneas que a simple vista, son estúpidas pero son mis líneas estúpidas.
Yo no pinto a amigos ni me hago retratos, no. Yo dibujo rostros con un significado importante, el mio.

Hoy, lo he vuelto a hacer y he sido capaz de resumir en una cara cuatro días enteros. Tú puede que no lo entiendas pero yo, ¡ay!, yo encontré en un dibujo y en el texto que me encuentro escribiendo mi mundo resumido en una soledad compartida, en un tango con rosa, en la oscuridad de la noche,en la luna llena, en la amistad, en mis amigos, he sido capaz de dibujar la soledad compartida porque, aunque parezca contraproducente la soledad se puede compartir por el simple hecho de que, si encuentras a alguien con el que puedas hacer lo mismo que cuando estás solo ya estás compartiendo algo que con muy pocos lo harías. Mostrarte tal y como eres cuando la tiniebla de los problemas se apodera de nosotros y solo necesitamos, soledad.

"A mi, por haber 
querido ser capaz".

No hay comentarios:

Publicar un comentario