Vemos volar a los pájaros, volar alto y sin rumbo pero siempre, en forma de V, esa letra que le pertenece a Venus que nos acoge en su seno y nos zarandea tan fuerte hasta provocar un huracán en nuestro ser, cala tan dentro de nosotros que nos asusta pero a la vez es tan maravilloso que hasta en el lienzo más oscuro podemos ver fumando a aquella chica mientras calzaba sus tacones rojos y vestía su sonrisa más limpia.
Y es así, como una ola que se lleva los problemas a la segunda cerveza y cuarta calada. Al quinto vino y octava litrona. Al tercer suspiro y primera carcajada.
Recreamos imágenes que nunca verán la luz porque son innatas. Son tan fuertes que no podemos describirlas ni con la mejor de las plumas y el papel más caro.
Recreamos imágenes que nunca verán la luz porque son innatas. Son tan fuertes que no podemos describirlas ni con la mejor de las plumas y el papel más caro.
Queramos, hagámoslo vamos a querernos de una forma que no entiendan solo con imágenes, solo con escritos, solo con la V de los pájaros y corazones rotos por las decepciones de la vida, de la gente, de ti mismo incluso. Vamos a decir que queremos a rabiar, sin aguantar las ganas y sin estropear las hojas de una libreta recién comprada. Escuchemos los violines y los chelos, al pianista y a la intensidad, oigámosla.
Disfrutemos de las tardes perdidas y del frío de la madrugada, hagamos del arte una leyenda, un mito, un placer, una forma de vida. Seamos Picasso o tal vez Dalí aunque, Botticelli pintó a Venus, le dio la vida, recreó su nacimiento y todos, caímos a sus pies. Esa mujer escondida en un verbo al que nunca le pondré cara pero siempre, llama a mi puerta.
Hagamos leyenda mientras queremos a través de versos y poemas, de lienzos y óleos, de música y letra, de textos no escritos y de fotos nunca impresas.
Guardemos en nosotros lo más bonito que tenemos, esas imágenes, esos versos, esas historias para que un día, cuando ya no estemos seamos ese mito en el mundo del arte. No saldremos en museos y no pagarán por nosotros pero, siempre sabremos que vivimos una vida entre pitillos y tacones de aguja, separando la fuerza de un huracán y la majestuosidad de la ola al romper.
Guardemos en nosotros lo más bonito que tenemos, esas imágenes, esos versos, esas historias para que un día, cuando ya no estemos seamos ese mito en el mundo del arte. No saldremos en museos y no pagarán por nosotros pero, siempre sabremos que vivimos una vida entre pitillos y tacones de aguja, separando la fuerza de un huracán y la majestuosidad de la ola al romper.
A mi me han querido de muchas formas, me han querido en la distancia, me han querido a diario y también, una vez al mes. Sin embargo yo, hace años descubrí que quiero con letras y títulos, que quiero a la distancia y al lado, que quise mucho y que no odié lo que debería.
Pero también descubrí que se puede querer de muchas otras formas. Me quisieron en verso y me odiaron en textos y ahora, me quieren en imágenes.
Esas mismas que nunca veré pero, que sé que un día estuvieron y eso se convierte en leyenda, como El nacimiento de Venus.
Esas mismas que nunca veré pero, que sé que un día estuvieron y eso se convierte en leyenda, como El nacimiento de Venus.
Porque lo que siempre tendré por seguro es que el arte es todo lo que salga de nosotros, todo lo puro y verdadero. Todo lo sincero. Toda la verdad.
Y eso, es querer.
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