Tu tierra, tu mar y tu sierra. Esa añoranza que sentimos cuando estamos lejos de lo que viene siendo el paraíso en la tierra hecho realidad. Esas olas que pegan con la arena y el vino que te calienta la garganta con el frío de la montaña. Su gastronomía y su paz interior. Su descanso dentro del caos de la ciudad. Es tu todo cuando estás lejos de ella, cuando te vas a la gran ciudad donde la hora de la caña no existe. Donde todo es nulo y tú, sigues fuera deseando volver y pisar ese agua roja que podría ser del mismísimo marte.
Su desconexión al wifi y su lectura obligatoria, su arte por los cuatro costados y su fandango. Todo eso lo echamos de menos cuando vemos la Giralda a diario, otro monumento que hay que apreciar pero, esa paz que te da la sierra, esa tranquilidad que puede ser sospechosa es inmensa. Te hace feliz sin saberlo y te rejuvenece las neuronas sin que tú, te des cuenta. Todo eso es el paraíso que ansío a diario apenas sin darme cuenta. Ese paraíso en la tierra al que yo pertenezco, ese paraíso del que vengo. Ese paraíso que hay que pisar como si de una obligación se tratase.
El paraíso de Andalucía y el agua roja de río tinto.
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