Defender tus ideas, tu punto de vista, tu opinión, sin ningún tipo de prejuicios, sin tabúes, argumentando una a una todas las estupideces que escuchas, todas las barbaridades oídas, todo lo que odias a veces, en esta sociedad, no está bien visto. Y yo hoy, lo he comprobado.
Por un momento me sentí estafada y me di cuenta de que las apariencias engañan. Que un homosexual puede defender la homofobia y que una comunista acepta como único concepto de familia la tachada "tradicional" pero... ¿qué es lo que está bien y lo que está mal? el debate estaba servido.
Yo en mi posición de que todo es correcto que, lo único que importa son los valores que se le inculcan a los niños, que da igual quien lo traiga al mundo y, que lo único importante es que crezca bien y sea una persona feliz con un mundo lleno de posibilidades como tenemos tú y yo.
Mi cabreo aumentaba conforme el debate pasaba y cada vez tenías más argumentos para rebatir "la carencia afectiva".
Una partida de ajedrez donde quedan dos piezas negras y el rey blanco. Un dos contra uno. Dos ideales llenos de prejuicios y de estupideces que cada vez, me sacaban más de mis casillas.
Pensé, que me quedaría sin amigos y que tendría que buscarme a otros. Personas así no quiero en mi vida, gracias.
Cada uno defendió su postura, su visión, sus ideales aferrándose a ellos como nunca lo había hecho y la discusión crecía en intensidad como si de un buen polvo se tratase.
Defendí mis ideas por encima de todo y de todos y, me da igual quien estuviera en mi contra yo seguiría pensando lo mismo porque todos somos iguales y tenemos los mismo derechos porque el resto, el resto da igual. Tenemos que llevar nuestras ideas por bandera y defenderlas le pese a quien le pese.
Pero... pero cuando me di cuenta de que Disney quizás tenía razón respiré. Porque los finales felices existen y este, fue el caso. Al final era todo una gran mentira, una mentira que me costó un cabreo pero, recuperé a mis amigos y volví, volví a respirar.
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