10:15 de un Domingo cualquiera... se
despertó recordándolo, añorándolo, lamentándose de todo lo que le había hecho
sufrir… más tarde, bajó a prepararse un café y desayunar frente a esa ventana
que tenía en su salón; aquella ventana
por la que veía pasar la vida de todas la gente que veía frente la
ventana preguntándose cómo serán sus vidas, si son felices, si están
enamorados, si tienen hijos… sonaba en la radio “La canción más hermosa del
mundo” del gran Sabina cuando llaman a
la puerta. Era él. Pasaron unos segundos. Por su cabeza pasaron mil ideas y por
su corazón mil sentimientos, en ese momento se dio cuenta que si él estaba en
su puerta, esperándola, después de todo lo que habían pasado es que podía ser
el hombre de su vida… -Pasa- le dijo, y ambos se fundieron en un abrazo.
Ese día, ella aprendió algo muy valioso…
todas las personas merecen una segunda oportunidad… o una tercera…
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