Porque a
veces un día como otro cualquiera, con sol, nubes o lluvia, te paras a pensar y
caes en la conclusión de que no sirve para nada que quien quiera confiar en ti
lo hará siempre y quien nunca te dio la oportunidad no esperes a que lo hagas
porque no lo hará, porque hay personas que muestran confianza nada más verlas,
otras no, pero a veces dentro de ellas pueden estar los mejores confesores que
jamás te encuentres.
Personas que viven su vida sin importarle la de los demás,
personas que cuando las llaman te escuchan, te apoyan, a las que no le importa
quedarse toda una noche en un bar escuchando a un amigo, personas que a pesar de
no saber qué te que ocurre siempre tiene las palabras idóneas para sacarte una
sonrisa o para darte el mejor consejo que hayas escuchado nunca.
Personas que
no se pronuncian nunca pero que cuando lo hacen lo hacen de verdad, personas
que aunque no lo parezcan sufren más que otras que se quejan de cualquier
tontera, personas que corren más que otras en este cristal llenos de gotas de
lluvia que a pesar de haber llegado al mismo tiempo le saca años luz de ventaja
en esta carrera que es la vida.

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