Vamos
a no querernos
bien,
como antes.
Como
cuando íbamos
de
la mano por aquellas
callejuelas
de esa ciudad.
A
la que nunca fui.
Vamos
a odiarnos
como
si hubiéramos
vivido
la peor relación
jamás
amada.
Vamos
a añorarnos
como
un niño
a
su juguete.
Vamos
a llorar
como
en un funeral.
Vamos
a no reconocernos
por
las calles, ni a nuestros
pensamientos,
y si nos ponemos
ni
a nosotros.
Vamos
a tomar té, que
el
café peca de cliché.
Vamos
a comprarnos
ropa
cara, esa que se guarda
siempre
en el armario
por
miedo a manchar de
aceite
ese gucci.
Vamos
a dejar de fumar
si
total, es un vicio más.
Y
después de eso,
vamos
a no hacerle
caso
a todas estas líneas.
Vamos
a llevar la contraria.
Vamos.
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