Pude limpiar cada lágrima
tuya en forma de beso.
Y quise.
Pudimos ser libres e
inocentes en el infierno
y eximirnos de pecado.
Pudiste mirarme de noche y
de día y, mientras caía
la tarde abrazarnos como
locos en un rellano
desconocido.
Pudimos creer en el amor,
en ese concepto ambiguo
y criminal que nos lleva
a lo más alto o nos deja
caer en picado.
Iluso de nosotros de creernos
todo aquello que nos dicen y,
sin embargo me
creí tanto tus lágrimas
que las hice mías.
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