Pasó
tanto tiempo
que
de tu busto
me
olvidé.
Pequé
demasiado
en
esto de escribir
pero
nunca fue malo
volver a aquello
que
te oxigena.
Pasaron
demasiados
minutos,
tantos que ya,
no
me acuerdo de tu batuta,
ni
de tu compás,
ni
de tu círculo vicioso,
ni
siquiera, de tu
desagradable
máscara.
Llora
lágrimas de sangre
que
las mías pasaron al
agua.
Pasó
tantos minutos
que
ya, ni recuerdo
lo que era
menospreciarse.
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