lunes, 14 de mayo de 2018

Trendymocho.


Viví dos reencuentros
un día de festival. Abrazos
lleno de amor y ganas.
Qué ganas de conocer
y reencontrarte con quien
no habías tocado pero que
sentías conocerla.
Joder qué mágico.

Esos abrazos y besos
que se tiñeron de najumocho
y en conversaciones
que son de todo menos
típicas.

Esas emociones que sentí en
escasos veinte minutos, podrían
bautizarse como
rareza, desconcierto,
confianza en el desconocido,
censura, desculpabilidad,
ganas de.
Llevó de todo
aquellas palabras, como
los mejores cócteles.


Y ya sabemos qué pasa
con el alcohol, que nos
volvemos valientes,
que escuchamos un
"déjate llevar" cuando,
en realidad piensas,
"creo que te equivocas
de persona pero, hazlo
si es lo que deseas".
Y vamos si lo hizo,
yo misma lo vi.
Y qué risa me eché
en aquel baño donde
corroboré que es ahí,
donde pasan las cosas
más divertidas.

Sin embargo, luego lo viví
ante el sentimiento
de "verás la hostia,
pero pa' ya que voy"
Y fue y, no hubo pared.
De hecho, nunca la hubo.
Y qué bien lo hizo,
como cumplió con aquella
palabra que le sigo dando.

Ahí descubrí cuánto
la quería, cuánto me quiere
y cuánto la quieren.

Y alcohol siguió
corriendo entre charlas,
con los que ya, son conocidos,
porque sí, abrimos el alma
y tiramos directas donde el
"in" no tiene lugar.

No tiene porque no caben,
porque a veces, reconocer
que defendemos cosas que,
en parte no hacemos puede
que nos convierta en sensatos
y así, me reencontré
con una amante y descubrí
mi odio a las polillas aunque
esta vez, no hubo frustración.

Fueron las ganas aquellas de
un támdem perfecto que se
crea entre el sujetador y
el orgasmo ilegible, algo
que, no cambiará.

Qué risa cuando te ves
como una caza polillas
evitando el espejo
y qué placer, entre gritos
de silencio y marcas
ocultas en la piel.

Qué conversación
aquella en la que,
sentí de todo y nada.

Qué fuerte es dejarse
llevar y disfrutar de haberlo
hecho.

Qué bueno está el najumocho
y qué guay es el festival.

Y así, como la que no quiso
la cosa, acabamos del revés
en una escalera, antes de
que mi culo hiciera el amor
con el suelo.

Y ya sabéis, vivid, dejarse guiar
por las ganas, folla sin compromiso
pero de forma bonita, ríete de no
poder gritar y de encontrar besos
furtivos en baños, bebe cuánto
gustes, pero deja el miedo
al lado pues lo normal
de los festivales es que
pasen estas cosas en menos
de veinticuatro horas
¿no?

Ya sabéis, lo típico.

Sin duda alguna, 
yo vuelvo. 





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