Viví
dos reencuentros
un
día de festival. Abrazos
lleno
de amor y ganas.
Qué
ganas de conocer
y
reencontrarte con quien
no
habías tocado pero que
sentías
conocerla.
Joder
qué mágico.
Esos
abrazos y besos
que
se tiñeron de najumocho
y
en conversaciones
que
son de todo menos
típicas.
Esas
emociones que sentí en
escasos
veinte minutos, podrían
bautizarse como
rareza,
desconcierto,
confianza
en el desconocido,
censura,
desculpabilidad,
ganas
de.
Llevó
de todo
aquellas
palabras, como
los
mejores cócteles.
Y
ya sabemos qué pasa
con
el alcohol, que nos
volvemos
valientes,
que
escuchamos un
"déjate
llevar" cuando,
en
realidad piensas,
"creo
que te equivocas
de
persona pero, hazlo
si
es lo que deseas".
Y
vamos si lo hizo,
yo
misma lo vi.
Y
qué risa me eché
en
aquel baño donde
corroboré
que es ahí,
donde
pasan las cosas
más
divertidas.
Sin
embargo, luego lo viví
ante
el sentimiento
de
"verás la hostia,
pero
pa' ya que voy"
Y
fue y, no hubo pared.
De
hecho, nunca la hubo.
Y
qué bien lo hizo,
como
cumplió con aquella
palabra
que le sigo dando.
Ahí
descubrí cuánto
la
quería, cuánto me quiere
y
cuánto la quieren.
Y
alcohol siguió
corriendo
entre charlas,
con
los que ya, son conocidos,
porque
sí, abrimos el alma
y
tiramos directas donde el
"in"
no tiene lugar.
No
tiene porque no caben,
porque
a veces, reconocer
que
defendemos cosas que,
en
parte no hacemos puede
que
nos convierta en sensatos
y
así, me reencontré
con
una amante y descubrí
mi
odio a las polillas aunque
esta
vez, no hubo frustración.
Fueron
las ganas aquellas de
un
támdem perfecto que se
crea
entre el sujetador y
el
orgasmo ilegible, algo
que,
no cambiará.
Qué
risa cuando te ves
como
una caza polillas
evitando
el espejo
y
qué placer, entre gritos
de
silencio y marcas
ocultas
en la piel.
Qué
conversación
aquella
en la que,
sentí
de todo y nada.
Qué
fuerte es dejarse
llevar
y disfrutar de haberlo
hecho.
Qué
bueno está el najumocho
y
qué guay es el festival.
Y
así, como la que no quiso
la
cosa, acabamos del revés
en
una escalera, antes de
que
mi culo hiciera el amor
con
el suelo.
Y
ya sabéis, vivid, dejarse guiar
por
las ganas, folla sin compromiso
pero
de forma bonita, ríete de no
poder
gritar y de encontrar besos
furtivos
en baños, bebe cuánto
gustes,
pero deja el miedo
al
lado pues lo normal
de
los festivales es que
pasen
estas cosas en menos
de
veinticuatro horas
¿no?
Ya
sabéis, lo típico.
Sin duda alguna,
yo vuelvo.
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