Entierran
a los vivos
y
resucitan a los muertos
con
su hipocresía barata
y
sus sonrisas profident.
Habladurías
sin gracia
y
cotilleos cochinos que
hacen
que tu cabeza explote
un
lunes cualquiera,
no
sé cuanto podré soportar
estas
falacias supuestas y amistades,
a
veces, ingratas.
Mierda
de la buena es esa la
que
escondían en sus cuerpos,
la
misma que cuando menos
te
lo esperas, sale a la luz.
Esa
misma que llega a ti
con
un café y un cigarro
mal
prensado.
Qué
ilusa es la gente.
Estoy
empezando a cansarme
de
vivir en una utopía en la que se
enfadan
por no dar explicaciones.
Genial,
no entiendo una mierda.
Lo
único que quiero gritar
es
que estoy hasta el santo
coño
de que se especule
cada
palabra que digo
y
eso, que no leen lo que
escribo.
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