sábado, 10 de marzo de 2018

Miedos.


Siempre alguno
tiene que dar el paso,
ese que da vértigo
con solo pensarlo.

Da infarto porque tenemos
miedo, todos gozamos y
maldecimos tal sentimiento.
Ojalá pudiese verse, pero
hay cosas que es mejor
sentirlas.

Algunos tendrán más miedo
que otros, y sin embargo,
todos lo hacemos
porque eso es vivir: fluir,
olvidarse de zonas que
no puedes describir,
de sentimientos que
quieres frenar, de mañanas
que no sabes cómo te vas
a levantar, de gritos que
agrietan paredes,
de sofás mojados,
de cariños consentidos.

Siempre hay un equilibrio,
una balanza, una cara y una cruz,
un blanco y un negro, un miedo
grande y un miedo.

Y es por esa seguridad que el
miedo nos otorga por la
que nos tiramos a la piscina
sin ver el agua, porque
quien más miedo tiene
más segura tiene su
respuesta ante la balanza.

El equilibrio entre el sentir
o el reprimirte.
Si quieres hacerlo, hazlo,
sé libre, siente, déjate sentir,
tiembla, grita, llora, ríe, pero
fluye. Vive.

Qué no te frenes, olvida
el miedo.
Siempre habrá alguien
que te los quite a base
de besos húmedos.

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