Siempre
alguno
tiene
que dar el paso,
ese
que da vértigo
con
solo pensarlo.
Da
infarto porque tenemos
miedo,
todos gozamos y
maldecimos
tal sentimiento.
Ojalá
pudiese verse, pero
hay
cosas que es mejor
sentirlas.
Algunos
tendrán más miedo
que
otros, y sin embargo,
todos
lo hacemos
porque
eso es vivir: fluir,
olvidarse
de zonas que
no
puedes describir,
de
sentimientos que
quieres
frenar, de mañanas
que
no sabes cómo te vas
a
levantar, de gritos que
agrietan
paredes,
de
sofás mojados,
de
cariños consentidos.
Siempre
hay un equilibrio,
una
balanza, una cara y una cruz,
un
blanco y un negro, un miedo
grande
y un miedo.
Y
es por esa seguridad que el
miedo
nos otorga por la
que
nos tiramos a la piscina
sin
ver el agua, porque
quien
más miedo tiene
más
segura tiene su
respuesta
ante la balanza.
El
equilibrio entre el sentir
o
el reprimirte.
Si
quieres hacerlo, hazlo,
sé
libre, siente, déjate sentir,
tiembla,
grita, llora, ríe, pero
fluye.
Vive.
Qué
no te frenes, olvida
el
miedo.
Siempre
habrá alguien
que
te los quite a base
de
besos húmedos.
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