Si
algo he sacado
en
claro de estos días
es
que, tanto yo como
mi
entorno tenemos
un
don: decir las cosas
importantes
en los sitios
y de la forma más cutre
posible.
Porque
sí, porque lo
tratamos
con naturalidad,
que
nos da igual decirlo
en
un bar a pie de playa,
en
un callejón a vista de
todos
donde, en realidad,
no
era lícito ver lo que
estaba
pasando
o
en un baño de discoteca
mientras
tu amiga mea
y
tú, te echas el cigarro
por
no pasar frío en
la
calle.
Y
es que, no es el sitio,
lugar,
persona o situación.
Es
el momento.
Tú
no lo eliges.
Tú
lo sientes.
Y
cuando te pasas
media
vida en bares
es
lógico que todo pase
ahí.
Siempre
diré que las decisiones
más
importantes las tomé
en
una terraza y con una cerveza.
Porque
en la calle, en terreno
neutro,
te sientes seguro y valiente
y
si sumas a que es el momento
el
que te elige a ti, ya la hemos
liado.
Todos
tenemos recuerdos
importantes
en bares, en la
calle,
en baños, en callejones,
en
túneles, en el lugar más cutre
al
que puedas ir porque sí,
porque
ese no avisa
el
momento llega y en tu mano
está
hacerte el tonto o
coger
al toro por los cuernos
menos
mal que yo de tonta,
nunca
tuve un pelo y que
ovarios
a mí, me sobran.
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