jueves, 2 de noviembre de 2017

La manta.

Derríteme en los agostos más fríos.
Hazme nubes en las fogatas de San Juan.
Devuélveme la playa que me arrebataste
sin avisar.

Trae contigo el  mar, el azul, la calma. 
Y de paso, tráete a ti también, 
aunque sea un poco. 

Pero cariño, si en algún momento
dudas de mí, de ti, de nosotros, 
que no sea un lapsus.

No quiero semáforos en ámbar, 
ni chocolate frío, ni pepsis por 
cocacola. 
Quiero una cerveza bien helada, 
un cigarro bien prensado, una silla
cómoda, y un ambiente cálido. 

Querido, vuelve a mi, porque 
si vuelves a temblar sin ser de frío, 
yo ya no estaré para el próximo
invierno. 

No tiembles, yo tengo la manta. 

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