Verano primaveral que buen nombre tienes, que arte es tenerte y que gusto es ponerse roja bajo tu manto un martes cualquiera.
Solsticio de invierno o tal vez de primavera, no lo sé bien pero bendito sea tu llegada que aguanta el universo paralelo de la vía láctea.
Planetas y tierras, mujeres soñadas y mujeres inventadas y también compartidas. El mundo.
Saludos obligados y risa falsa en mi rostro cuando veo la educación de cerca. Hazlo, sabes que al final, ganas la partida.
Solsticio de invierno o tal vez de primavera, no lo sé bien pero bendito sea tu llegada que aguanta el universo paralelo de la vía láctea.
Planetas y tierras, mujeres soñadas y mujeres inventadas y también compartidas. El mundo.
Saludos obligados y risa falsa en mi rostro cuando veo la educación de cerca. Hazlo, sabes que al final, ganas la partida.
Es lo bonito de todo al final, saber que hay abrirse en canal, derrumbarse sin lágrimas o con ellas, da igual. Follar sin que te toquen también está bien, qué me follen la mente y que le den bien. Que le den tanto que ni mi ADN pueda soportarlo y mis ojos se queden en blanco.
Siencio.
Coge el mechero.
Pídete otra.
Enciende el cigarro.
Juega con el texto y
ama al verso.
Reza a los dioses y
creete todo lo que
te demuestren solo así,
el universo láctico tiene
sentido a veces incluso,
nombre.
Pídete otra.
Enciende el cigarro.
Juega con el texto y
ama al verso.
Reza a los dioses y
creete todo lo que
te demuestren solo así,
el universo láctico tiene
sentido a veces incluso,
nombre.
Silencio.
Sal y bebe dos o tres copas de más y recuerda, piensa en todos y grita alto, habla hasta quedarte vacía, di que eres difícil pero que cuando llegan a tí, no hay marcha atrás. No puedes. No quiero.
Juega a las cartas en un bar mugriento de cualquier plaza, ese que siempre tiene la barra llena de grasa pero que cocinan tan rico o coge a tu pilar y hablalé, ahora sí, ya está, unas cervezas, unas patatas y un corazón que tras veintiún años se rompió, se abrió, se declaró, se confesó y que otorgó lo mejor y lo peor que hay en él.
Sal y bebe dos o tres copas de más y recuerda, piensa en todos y grita alto, habla hasta quedarte vacía, di que eres difícil pero que cuando llegan a tí, no hay marcha atrás. No puedes. No quiero.
Juega a las cartas en un bar mugriento de cualquier plaza, ese que siempre tiene la barra llena de grasa pero que cocinan tan rico o coge a tu pilar y hablalé, ahora sí, ya está, unas cervezas, unas patatas y un corazón que tras veintiún años se rompió, se abrió, se declaró, se confesó y que otorgó lo mejor y lo peor que hay en él.
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