jueves, 8 de diciembre de 2016

Hay veces...

Hay veces, de estas que nos da por pensar y creamos en nuestra cabeza el mayor sueño al que pensamos, que no llegaremos nunca.

Hay veces, que soñamos en nuestra vida perfecta, esa misma donde tu casa es un ático en la mismísima Gran Vía con una cristalera mirando al teatro Capitol o a Callao da igual porque para ti, es perfecta esa cristalera. Esa vida  compartida con quien, según tú, es el amor de tu vida, esa persona que te despierta por las mañana porque sabe que lo de madrugar no lo llevas bien o la que te sorprende al llegar a casa después su subir a un sexto sin ascensor con un buen vino abierto y una conversación de esas bonitas, de las profundas. Esa persona que da un beso antes de dormir y te toca el pelo hasta que tú, caigas rendida con la cara aplastada en la almohada. 
También podemos soñar con el trabajo para el que creemos que hemos nacido. O con unos hijos la mar de monos porque tienen unos ojos de escándalo. 
O soñamos con escuchar la música perfecta, la que te lleva a una armonía que ni Buda sería capaz de conseguir.

Soñamos todo el tiempo con algo que puede, que tengamos pero llega un día, uno de esos en los que nos paramos a pensar en que... quizás la vida que tenemos ahora es la perfecta porque siempre estaremos acompañados aunque, nazcamos y muramos solos siempre tendremos a esa persona que nos despierta por las mañanas o la que te abre el vino cuando llegas  cansada de trabajar, siempre estará porque esa persona, eres tú mismo y cuanto antes aprendamos a convivir con nosotros, más fácil será conciliar el sueño que llama a nuestra puerta cuando cae la noche. 

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