viernes, 9 de septiembre de 2016

Venus.

Sus manos sobre mis pechos desnudos, su lengua... su lengua en mí. Solo estaban refugiados por unos gritos silenciosos recogidos en  cuatro paredes. Su mano, empezó a deslizarse y yo, a excitarme. El cigarro se consumía en el cenicero mientras que nosotros, nos entregábamos el uno al otro, todo estaba lleno de pasión, de calor, de cabaret, de vulgaridad, de química, de obscenidades, todo eso formaba el cóctel perfecto, el del deseo.

Mis manos en su espalda agarrándome como nunca lo había hecho antes y la suya, en mi monte de venus. Poco a poco, paso a paso y cada vez más calor, más swing, más jazz, más en mí, más en él, más en nosotros hasta formar un ser único lleno de fuego, de castigo, de engaños,de prohibición, de celos y rencores, de sexo, de placer, de gritos y gemidos. Mis labios corridos por el carmín y los fluidos y él, seguía en mí hasta que empezamos a decir nombres en vano. Mis marcas en su piel y su olor, en la mía. El cigarro se apagó mucho antes que nosotros que, continuamos con el fuego toda aquella noche de un mes cualquiera.

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