Una noche de verano, no hace mucho realmente hablé. Hablé mucho y calle poco vamos, como siempre. Conté anécdotas, me reí (mucho no, muchísimo), lloré pero de la risa, era tal que el estómago me empezó a doler. Eso era buena señal, fui feliz esa noche. Hablé del destino y de lo práctico que es creer en él, los problemas se hacen menos y las alegrías siempre son más porque así parece que la vida te quiere un poquito. A mí ese día me quiso y me quiso mucho. En mi defensa diré que la noche que yo esperaba era el polo opuesto, era el yan de su yin.
Sin embargo, semanas después pensando en frío porque... lo caliente se marchitó como el humo del cigarro creo que esta bien, muy bien, después de escuchar cosas que realmente me dejó sin palabras, literalmente, tengo que confesar que la guardo con cariño incluso con amor, pero del bueno, del que no se olvida y te hace crecer a veces hasta te ayuda a conocerte porque nunca me había visto otra y es que al final todo pasa por algo sea para bien o para mal pero por algo y es que amigos para ahorrarme problemas de trastornos, disociaciones de personalidad o problemas de autoestima prefiero creer que estaba para mí que tenía que ser así y efectivamente, fue así tal cual, una experiencia "paranormal" que sinceramente, ahora que lo pienso ya no me indigna porque es mejor guardar con cariño los buenos momentos y confieso que esa noche lo fue.
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