domingo, 21 de agosto de 2016

Intensidad.

La noche y el día.
El calor y el frío que se te cala en los huesos.
La arena y el barro.
La cara y la cruz.

Hay tantas cosas diferentes, tantas incongruencias en la vida, tanta gente que es eso, como un abogado sin escrúpulos, como una moneda o un billete falso.

Lo supo. Tarde, pero le abrieron los ojos y eso, no le gustaba, pero nada de nada.

Querer un prototipo. Querer una marca. Querer un producto de buena calidad que el mejor postor te vendió y claro, caíste. Qué ilusa.

A veces, los astros se alinean y eres tú la que decides si tirarte a la piscina con o sin agua, da igual, pero eres tú la que decides.

Luego, todo está en el aire hasta que sin hablar, sin mencionarlo sabes que estás en tierra, en tierra firme con la persona que más te quiere, te aprecia, te respeta, te idolatra, eres tú, tu misma, tu persona, tu ser, tu todo. A la única que se le puede decir "Te quiero, te adoro, te todo". Sin embargo, sabía que ese "todo" que, ahora mismo era ella, algún día no lo sería y... no le importaba, en absoluto. Una vez metida en la carrera ya, se iba a por la meta, eso sí, con otro copiloto. 

Porque al final, en Disney no era todo de color de rosas, a la Sirenita le arrancaron las cuerdas vocales, Cenicienta, en cambio, se clavó el tacón y se desfiguró media cara y Blancanieves murió envenenada por la dichosa mazana. 

Por eso a veces y aunque nos empeñemos en que no es así, el mundo nunca lleva la razón, solo hay dos razones y dos verdades, las de la personas que lo viven y por supuesto serán polos opuestos. 

Hasta cuando hablamos de intensidades las personas, son distintas si no ¿qué vida es esta?

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