lunes, 20 de junio de 2016

Banderas y ley de oro.

El amor incondicional, ya sea romántico o de una simple amistad, es  amor y eso, es lo que vale. 

El saber que siempre habrá alguien ahí, aunque a veces dudes, nunca falla, otros, si lo harán. 

El esperar hasta el último momento del día, de la semana, del mes, para pillar la ganga de tu vida y vivir experiencias que sabéis, que nunca vais a olvidar. 

El amor incondicional ya lo definió Sabina: "y morirme contigo si me matas y, matarme contigo si te mueres..." ¿quién mejor para definir algo tan grande?

Amor hasta darlo todo incluso a veces, aguantando cosas que en su día dijiste "nunca, aguantaría eso" y es que amigos, "nunca digas nunca" puede caerte encima, como me pasó a mi. 

Incondicional hasta decir basta y dar todo lo que tienes sin necesidad de que sea algo material. 

Sacrificio y esfuerzo son sus banderas y las risas, su ley de oro. 

El todo no es nadie sin la nada. El yin no es nada sin el yan. Romeo no fue nadie sin su Julieta. Yo a veces, no soy nada sin ti. 

El amor incondicional puede ser de pareja incluso la mayoría de las veces, lo es. Sin embargo, en ningún momento hablo de amor romántico yo hablo, de amor del bueno, del que permanece, del que llega hasta el final, del que soporta lo insoportable, del que se sacrifica, del que te dice lo que no quieres oir, del que te dice "tranquila, todo va a ir bien porque yo, estoy aquí", no hablo de amoríos, ni de parejas, no hablo del amor de vida pero, si que hablo, de mi alma gemela. 

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