miércoles, 9 de julio de 2014


Esos momentos en plena madrugada de soledad, tranquilidad, silencio, en definitiva paz. Esa, era su ocasión para apurar lo poquito que quedaba de día. Era ahí, cuando ella veía  películas, series, incluso se marchaba de este planeta para irse a otro de la mano de un libro o... la leía. No lo solía hacer con frecuencia,  pero de vez en cuando se pasaba por donde ella sabía que la encontraría y así poder disfrutar de esa gran escritura que aunque breve, era intensa.

Nadie lo sabía, pero no todos podían leer lo que aquella mujer de cigarro en mano y copa en la mesa  tenía delante de ella frente al gran ventanal, puede que muchos se lo imaginasen, puede que sí, puede que no, nunca lo sabría pero tampoco quería. Sabía que en parte era privilegiada y que esta, probablemente fuese una de las formas de no dejar morir esos escritos, de mantenerlos vivos por una eternidad, de no matarla. No lo iba a permitir, no se lo podía permitir.


Cuando apagó el cigarro y bebió lo que quedaba en el vaso leyó las dos últimas líneas y concluyó: -Nunca morirás y lo sabes.

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