El vinilo sonaba.
El vino blanco llenaba
la copa.
Era impresionante la vista que se podía observar tras
aquella cristalera.
El vinilo, seguía sonando.
Ella, disfrutaba de todo lo que la vida le ofrecía, de todo
lo que le había puesto en su camino. Estaba consiguiendo todos sus objetivos;
llegó a ser lo que siempre quiso, consiguió vivir donde siempre pensó que lo
haría y tenía una vida de la que no podía poner pegas.
Pero una tarde, con Quelqu'un
M'a dit de fondo se paró a pensar...
-¿Seguirá todo así siempre? ¿Y si algo cambia? ¿Y si pierdo
lo que siempre soñé? ¿Y si le pierdo? Y si... Y si...
Ese mar de dudas se apoderó de ella durante días... Una
noche como otra cualquiera tras despedirse de su amor y llegar a casa, encendió
el vinilo y se relleno la copa, ahí fue cuando aquella mujer de picardías negro,
copa de vino en mano mirando tras la
gran cristalera toda la ciudad iluminada y escuchando el vinilo cayó en la
cuenta de que pensar no le servía de nada solo se trataba de una pérdida de
tiempo de la vida que ella tanto amaba.
Y en ese mismo instante se dijo -Deja que todo fluya, pues las cosas tienen su orden natural y nada ni
nadie va a poder cambiarlo, es el destino.
Más tarde, decidió acabar la copa de vino, cerrar las
cortinas, apagar el vinilo y sumergirse en la más profunda tranquilidad que le aportaba tirarse en el sofá y leer un
buen libro.
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