miércoles, 8 de enero de 2014

El vinilo sonaba.

 El vino blanco llenaba la copa.

Era impresionante la vista que se podía observar tras aquella cristalera.

El vinilo, seguía sonando.

Ella, disfrutaba de todo lo que la vida le ofrecía, de todo lo que le había puesto en su camino. Estaba consiguiendo todos sus objetivos; llegó a ser lo que siempre quiso, consiguió vivir donde siempre pensó que lo haría y tenía una vida de la que no podía poner pegas.
Pero una tarde, con Quelqu'un M'a dit de fondo se paró a pensar...

-¿Seguirá todo así siempre? ¿Y si algo cambia? ¿Y si pierdo lo que siempre soñé? ¿Y si le pierdo? Y si... Y si... 

Ese mar de dudas se apoderó de ella durante días... Una noche como otra cualquiera tras despedirse de su amor y llegar a casa, encendió el vinilo y se relleno la copa, ahí fue cuando aquella mujer de picardías negro, copa de vino en mano  mirando tras la gran cristalera toda la ciudad iluminada y escuchando el vinilo cayó en la cuenta de que pensar no le servía de nada solo se trataba de una pérdida de tiempo de la vida que ella tanto amaba.

Y en ese mismo instante se dijo -Deja que todo fluya, pues las cosas tienen su orden natural y nada ni nadie va a poder cambiarlo, es el destino.


Más tarde, decidió acabar la copa de vino, cerrar las cortinas, apagar el vinilo y sumergirse en la más profunda tranquilidad  que le aportaba tirarse en el sofá y leer un buen libro.

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